Cuando los kilos de más pasan a ser una enfermedad

Siempre hablamos de hacer dietas y de mejorar nuestro aspecto físico para encontrarnos mejor con nosotras mismas y eso es estupendo pero hay veces que las dietas ya no son suficientes porque nuestra obesidad se ha convertido en una enfermedad y sólo quienes pasan por ahí son conscientes de lo duro que es llegar hasta ese punto. Hace unos días conocí a una chica que se puso un balón intragástrico en esta clínica de estética en Alicante y que me contó su caso y su experiencia. Me pareció tan interesante que he querido compartirla hoy aquí.

Una historia para Recordar

Su nombre es Antonia, Toñi para los amigos y tiene ahora 35 años. De niña no destacaba por ser rellenita o comer demasiado, al contrario, era una niña más bien delgada que comía bastante mal. En la pubertad, tras la llegada de la menstruación, un cambio hormonal le hizo cambiar su cuerpo y empezó a engordar lentamente pero sin pausa. Hizo dietas, regímenes y ejercicio pero nada impidió que su cuerpo siguiera cogiendo kilos a pesar de no comer dulces y de llevar una dieta lo más equilibrada posible.

Las personas que apenas la trataban pensaban que era una persona perezosa que comía mucho dulce y que no se cuidaba, pero nada más lejos de la realidad. “El problema es que la imagen es muy importante” asegura Toñi “y a veces aparentamos ser una cosa que en realidad no somos pero los prejuicios de la sociedad nos encasillan en esa definición y ya no hay nadie que nos saque de ahí”.

Probó todo tipo de dietas milagro, incluida la famosa Dukan “que me fue muy bien” recuerda la joven “pero sólo al principio porque tras un par de meses de hacer esa dieta me quedé estática, no conseguía adelgazar, y el médico me dijo que debía dejarla porque mi nivel de colesterol estaba creciendo debido a la gran ingesta de proteínas que hacía a diario”.

La joven llegó a pesar 120 kilos y, desgraciadamente, no es un caso especial. Hay muchas chicas que superan ese peso y que a pesar del trabajo que realizan para intentar bajarlo no consiguen que la báscula disminuya.

Tras mucho pensárselo se puso en contacto con Obes Corporación, la clínica alicantina que finalmente la operaría, y después de analizar su caso detenidamente le recomendaron el balón intragástrico. Se trata de una esfera de silicona flexible y blanda que se introduce en el estómago de paciente, mediante una endoscopia, con el fin de conseguir la reducción de peso en personas con obesidad mórbida.

La operación fue un éxito y tras varios meses de tratamiento consiguió perder treinta kilos de peso, pero la cosa no quedó ahí. Tras la retirada del balón intragástrico, la clínica le hizo un seguimiento muy de cerca y le puso una dieta equilibrada con un programa de ejercicios que Toñi ha seguido a rajatabla.

A día de hoy, la joven pesa 80 kilos y sigue esperanzada con perder, poco a poco, diez más.

Tiene claro que esto es para toda la vida y que si se sale un día, o una semana, más de lo normal comiendo por motivo de una festividad o de unas vacaciones, es consciente de que luego tendrá que estar una semanita a dieta o dos para volver a su peso y después seguir con la dieta equilibrada, sin dulces ni grasas saturadas, para mantenerse y llevar una vida saludable.

Pero a ella le ha merecido la pena “llegué a un punto en el que no subir escalones era para mí un esfuerzo increíble y me ahogaba a cada paso que daba. Ahora estoy bien y quiero seguir así”.

En ocasiones nos empeñamos en centrar todas nuestras preocupaciones en la belleza y la estética pero cuando la obesidad de vuelve una enfermedad el tema es mucho más serio y los afectados llegan a tener grandes problemas.

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