Tu baño, tu spa privado

Hay quien cree que para tener un baño perfecto para el descanso y la relajación hace falta tener mucho espacio y un buen taco de dinero para una reforma descomunal y tampoco es para tanto. Obviamente algo de reforma hay que hacer, más que nada porque si vives en un piso con cierto tiempo y sin reformas conocidas lo más normal es que ese baño sea de todo menos relajante, pero tampoco tenemos que llevarnos las manos a la cabeza pensando que es una barbaridad pensar en convertir un baño así en un spa privado, siempre y cuando no pienses que por “spa privado” se entiende una bañera gigante de burbujas porque, si no hay espacio, no vas a poder sacarlo de la nada.

Para mí un spa privado es tener un baño estético, relajante, donde puedo darme buenas duchas o baños y salir como nueva de ellos, donde puedo arreglarme, maquillarme y asearme cómodamente y relajada, donde no tengo problemas de ningún tipo y donde, mire al rincón que mire, veo diseño. ¿Y es eso tan caro e imposible para un piso de 80 metros cuadrados y una familia media? Pues no tanto.

Antes de nada debemos pensar en si vamos a poder instalar, o no, una bañera, y si no podemos porque no hay mucho espacio no debemos entrar en depresión porque hoy en día hay dichas que se merecen un premio de Óscar. En Baño Spacio me instalaron un plato de ducha de piedra, súper bonito, y una columna de ducha con chorros de masaje que es una maravilla. Puede que no tenga espacio para una bañera de hidromasaje pero esa ducha me da masajes en la espalda, el cuello, los lumbares y mucho más. Además, en mi opinión la instalación del banco dentro de la ducha fue todo un acierto porque puedo sentarme y disfrutar de los chorros de masaje como si de un spa se tratase.

Ahora bien, la ducha (o la bañera) no lo es todo. Antes de nada he de explicar que yo tenía muy claro que quería un espacio relajante, donde estar cómoda, por lo que toda la decoración que busqué e ideé iba encaminada a conseguir esos objetivos.

El color de base de mi nuevo baño-spa es el blanco, perfecto para la calma pero también para tener una sensación extra de higiene. Tengo el alicatado en blanco, con placas de azulejos grandes, y tengo el suelo en un gris claro muy estético. El único tono oscuro lo da el plato de ducha, que es de una piedra gris oscura a ras de suelo, y por supuesto he instalado varias plantas verdes que dan un toque de color estupendo. Eso sí, tened cuidado porque o las ponéis de plástico (que las hay que parecen naturales) o tenéis que optar por plantas todoterreno porque la falta de luz y aire libre, junto a la humedad que van a recibir, puede hacer peligrar la vida de las plantas más débiles. El poto, por ejemplo, es perfecto para un baño.

He cambiado el lavabo, por uno precioso con un mueble blanco y tiradores en plata para los cajones, y a juego he instalado una especie de mueble que tiene la parte superior a modo de cristalera, y se ve lo que hay en el interior. Debido a ello, ese trozo de mueble, siempre está ordenado e impoluto. Tengo dos plantas, un juego de toallas blancas enrolladas que nunca toco porque son de decoración, una caja de maquillaje impoluta, un cuenco tibetano y una torre de papel higiénico que tampoco toco nunca. Eso sí, la parte inferior del mueble está abarrotado de lo que realmente uso a diario, pero así es como me gusta, estético, decorado y relajante.

Esa estética es, obviamente, la que yo buscaba, por eso me decidí a comprar este tipo d cuencos tibetanos online. Siempre había querido tener uno y pensé que la redecoración del baño podía ser el momento perfecto para ello. Ahora, cuando me doy una de mis duchas relajantes, primero abro el armario, saco el cuenco y lo hago sonar durante unos minutos. Ese sonido se mantiene durante unos minutos más en el baño, lo que me encanta y me ayuda a relajarme dentro de la ducha.

Al final, de lo que se trata es de tener un espacio privado, que sea cómodo para ti, y que te aporte esos momentos de relax que el cuerpo necesita, y estoy de acuerdo en que se pueden conseguir en otras estancias de la casa pero he de reconocer que no hay nada como un momento spa en tu propio baño.

Dinero invertido final: 1200 euros.

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