Los piercing son un complemento estético extendido entre la población. Su colocación es una práctica segura. A pesar de ello, al ser una perforación de una parte del cuerpo, no está exento de riesgos. Hemos recogido para ti los más destacables.
Si estás pensando en colocarte un nuevo piercing o es la primera vez que lo haces, este artículo es para ti. No pretendo desalentarte, pero sí, proporcionarte información de interés para que tu decisión sea consciente.
Hoy la variedad de piercing es considerable. Van más allá del clásico aro que te puedes poner en la nariz o la bolita que queda prendida en la lengua. Visitando páginas web como Piercing & Tattoo, una tienda online mayorista de piercing, encuentras diseños preciosos, como aros con detalles étnicos o un helís (alfiler) con el extremo en forma de mariposa. Piercing que quedan muy bien una vez puestos.
Si te decides a colocártelos, ni que decir tiene, que debes buscar un estudio competente. Con profesionales que tengan experiencia, con instalaciones higiénicas y el instrumental esterilizado. Conocer las opiniones de sus clientes pueden orientarte.
Una vez quedan claras estas consideraciones generales, cada una de las partes del cuerpo donde coloques el piercing, tiene sus riesgos particulares. Nos vamos a centrar en ellas. Son estas.
En la lengua.
Hay quien piensa que la lengua es uno de los sitios más seguros para colocarse un piercing. La abundancia de riego sanguíneo hace que la herida de la perforación cicatrice de forma rápida y adecuada. El blog del seguro de salud Adeslas indica que tenemos que tener precaución con esta zona.
Durante la colocación del pearcing se puede producir un sangrado incontrolado, ya que por error se puede perforar algún vaso sanguíneo. También puede producir daño en algún nervio o terminación nerviosa.
A medio y largo plazo, el piercing puede afectar funciones como el habla o la deglución de los alimentos. El piercing favorece la acumulación de placa bacteriana en torno al objeto. Lo que se puede traducir en halitosis (mal aliento).
Un capítulo aparte lo conforman los posibles traumatismos en dientes y encías. Al masticar o hablar, el piercing puede golpear en los dientes, generando fisuras y astillas o hacer que las encías se sientan doloridas y se retraigan.
Los piercing que se colocan en la lengua suelen estar fabricados en acero quirúrgico y normalmente están esterilizados. Sin embargo, una infección provocada por el piercing puede traspasarse con rapidez a todo el torrente sanguíneo produciendo riesgos cardiacos.
En el ombligo.
De todas las partes del cuerpo que se pueden perforar, el ombligo es una de las que más riesgo de infección tiene. Esto se debe a su forma irregular y a su localización escondida.
El problema más habitual en estos casos es una infección local de la piel por el efecto de bacterias tipo estreptococos. Un problema de salud que se puede resolver siguiendo las pautas de higiene que nos marque el doctor y la ingesta de antibióticos.
Otro de los problemas son las posibles reacciones alérgicas. Hay personas que son alérgicas al níquel u otros metales. Debemos informarnos adecuadamente de la composición del piercing que nos vamos a colocar. Metales como el acero quirúrgico, el titano, la plata y el oro son biocompatibles y no suelen producir alergias. De todos modos, algunos piercing de oro suelen contener níquel que pueden producirnos erupciones cutáneas. En estos casos, la alergia mejora retirando el piercing.
Para colocarnos piercing como el del ombligo, es recomendable estar al corriente de las vacunas contra el tétanos y la hepatitis B.
En la oreja.
De todas las partes del cuerpo, la oreja es la más segura para colocarse un piercing. La instalación de este complemento no es diferente al agujero que se hace para poner un pendiente. Una perforación rápida, que apenas produce dolor, ni sangrado. Se puede realizar casi sin ningún riesgo en cualquier parte del pabellón auditivo.
A pesar de ello, los médicos nos indican que tengamos cuidado con la pericondritis. Una inflamación del cartílago que surge como respuesta natural ante la presencia de un objeto extraño o una lesión en el cartílago.
Sus síntomas son la inflamación de la zona perforada, dolor agudo, enrojecimiento y calor en la oreja, posible supuración de pus y, si la infección avanza, fiebre y malestar general.
La infección se trata con antibióticos, antiinflamatorios, drenaje del absceso y una cura y limpieza regular de la herida.
Es importante, cuando la persona perciba cualquiera de estos síntomas, visitar lo antes posible al doctor.
En la nariz.
Si nos vamos a colocar un piercing en la nariz, es importante que el agujero sea perforado, no disparado. Es decir, que primero se haga el agujero, que se limpie y después se coloque el piercing.
Existen tres tipos de piercing que se pueden poner en la nariz: El orificio nasal, que es una joya que se coloca en el lado derecho o izquierdo de la nariz; el septung, un piercing, generalmente un aro, que perfora el tabique nasal, y el puente que se instala en la parte superior de la nariz.
El piercing menos doloroso de todos ellos y el que menos riesgo entraña es el septung, ya que el tabique es una estructura especialmente blanda. El piercing más peligroso es que hacemos en la parte superior de la nariz, el puente, ya que es una parte plagada de terminaciones nerviosas.
El problema de salud más frecuente en las perforaciones de la nariz son las infecciones cutáneas localizadas. Una infección parecida a la que hemos descrito en el apartado del ombligo y que se trata con antibióticos.
Estas infecciones hay que abordarlas lo antes posible, acudiendo al médico, ya que cuanto más tiempo tardemos en tratarla, más complicaciones de salud generan.
Los queloides son otras de las inflamaciones típicas de las perforaciones en la nariz. Un engrosamiento del tejido que bordea la cicatriz y que se suele tratar con cremas específicas recetadas por el médico.
Un aspecto importante en los piercing de la nariz es la correcta limpieza de la herida. Para ello deberemos limpiarla dos veces al día con un espray desinfectante.
En los pezones.
Ponerse un piercing en los pezones puede resultarnos sexi, pero debemos saber que es una zona especialmente delicada.
Entre los riesgos potenciales de estos piercing debemos señalar la formación de bolsitas de pus debajo de la piel; la galactorrea (secreción espontánea de leche); la formación de quistes; daños en los nervios; hemorragias y formación de queloides.
Para colocar un piercing en el pezón, el profesional debe desinfectar bien la zona con alcohol o gel antibacteriano, y esterilizar la joya y el instrumental. El perforador deberá ser cuidadoso antes y durante la colocación, ya que se trata de una zona bastante sensible.
Una vez puesto, la persona deberá evitar roces de la ropa interior con el pecho, no tocarse el piercing con la mano e intentar que no se mueva. Ya que existe riesgo de que la herida se infecte.
En la ceja.
La ceja es otra de las zonas que más se suelen perforar para colocar un piercing. Es otra zona delicada, debido a la acumulación de terminaciones nerviosas y músculos faciales. Solo se puede perforar la ceja de forma lateral, nunca atravesar el interior.
Junto a los problemas clásicos de infección cutánea y de posibles alergias, una mala perforación la ceja puede dañar los folículos pilosos, haciendo que se nos caiga el pelo de una parte de la ceja y afectar el lacrimal.
Los genitales.
La ginecóloga Dra. Ángela Escobar indica que ponerse un piercing en los genitales femeninos entraña grandes riesgos para la salud. Al colocar un piercing en la vagina, abrimos una herida e instalamos un objeto extraño que altera el ecosistema del órgano sexual femenino. Una zona en la que habitan más de 50 tipos diferentes de microorganismos. El riesgo de infección en esta zona es superior al de otras zonas del cuerpo.
Los desgarros y la atrofia de los nervios es otro de los riesgos subyacentes. Una mala colocación del piercing puede generar irritación al practicar sexo, dolor continuo y hasta la pérdida de sensibilidad en la zona.
La presencia de un piercing en el área vaginal multiplica las posibilidades de contagio de enfermedades venéreas.
En cuanto a los piercing en el pene, la web Live Healthily señala que es habitual el sangrado en la herida durante los primeros días, sentir picazón, un aumento de la sensibilidad y la secreción de un líquido blanco amarillento, que no es pus, frecuente hasta que la herida se cierre.
La curación de las heridas por la colocación de estos piercing suele durar entre un mes y 4 meses, aunque, en ocasiones, se puede alargar hasta los 8. Durante ese tiempo hay que mantener limpia y seca la zona, lavarnos las manos antes de tocar el pene y evitar juguetear con el piercing, ya que se puede volver a abrir la herida.
Como ves, cada zona del cuerpo tiene sus riesgos particulares. Riesgos que hay que conocer y atender a ellos si queremos colocarnos un piercing.