Según a quien preguntes y como le preguntes, el queso puede ser el mejor amigo de la dieta o el enemigo público número uno de la salud. Ni tanto ni tan calvo. El queso es, sin lugar a dudas ni debates, un alimento que a nadie deja indiferente. O te entusiasma o no te hace gracia. Aunque son tantas sus variedades y posibilidades de consumo que cada vez son más los adeptos que, siempre fueron la inmensa mayoría. Son muy pocos los que ignoran el queso en su dieta.
Para los más deportistas, los quesos frescos y bajos en grasa; para los más gourmet los quesos más añejos y curados. Para el común mortal cualquier queso es válido: curados, frescos, añejos, tiernos, untables… Son tantas las posibilidades que resulta imposible de abarcar en un artículo. De ahí que, al existir tal cantidad de opciones, podamos decir con total seguridad y afirmar con tranquilidad que el queso y la salud, no riñen. Al contrario, pueden ser grandes aliados. El equilibrio es lo esencial.
El queso es un alimento que todo el mundo consume. En cualquier lugar del planeta es posible encontrar quesos diferentes y autóctonos. Su desarrollo se ha producido de forma independiente, dando lugar a las variedades propias de cada cultura. Si en nuestro país el rey de los quesos puede considerarse el queso manchego como bien saben nuestros expertos queseros de Adiano, en Italia cuentan con el parmesano, Inglaterra no puede vivir sin el cheddar y Francia cuenta con un queso azul, conocido como Roquefort que hace las delicias de los paladares más exigentes. Son tantas las denominaciones de origen y tipologías que, las propiedades de cada queso, son igual de variables y afectan de una determinada manera a nuestra salud.
Lo que puede traducirse en líneas generales como que el queso, constituye un alimento beneficioso para la salud, salvo excepciones o un abuso del mismo.
Formas y colores en cualquier parte del mundo
Como decimos, el queso se puede encontrar en infinidad de formas, de diversos colores, incluidos en recetas de cualquier rincón del mundo y, difícilmente, encontraremos a alguien que no haya probado alguna de sus versiones. No es de extrañar que exista un debate controvertido en torno a este alimento tan consumido. Si nos ceñimos a sus aportes nutritivos, podemos entender que, verdaderamente, se trata de un alimento aconsejable. Eso sí, según que variedades mejor consumirlas de forma puntual.
Sobra decir, aunque lo diremos, que el queso es el producto resultante de dejar fermentan la leche producida por animales. Los más comunes son los resultantes de la leche de vaca, oveja y cabra, aunque en algunos lugares del mundo, es posible encontrar quesos producidos a partir de leche de animales más exóticos; el yak o la camella. Evidentemente, en función de la materia prima de la que se parta, es decir, el tipo de leche, el queso, tendrá unas propiedades y otras. Aunque debemos mencionar que uno de los aportes más notables del queso a nivel nutritivo, es el de calcio y vitamina D. Del mismo modo que cualquier otro tipo de lácteo, el queso es una excelente fuente de estos dos nutrientes, ambos, elementos clave para un normal desarrollo del organismo, concretamente de los huesos.
Tanto el calcio como la vitamina D, son fundamentales para mantener el sistema óseo sano y fuerte. Gracias al calcio, los huesos se mantienen fuertes y resistentes, haciendo posible que soporten el trajín de la vida diaria y los golpes que sufre la estructura corporal. La vitamina D, es esencial para que se produzca una correcta y adecuada absorción del calcio, por lo que se consideran el tándem perfecto.
Pero no solo aporta calcio y vitamina D. El queso proporciona proteínas de origen animal. Estas proteínas cuentan con un alto valor biológico que, en comparación con otro tipo de proteínas de origen animal, son relativamente fáciles de digerir y metabolizar.
Uno de los estudios más recientes sobre el impacto del queso en la salud, ha demostrado que su consumo, es beneficioso a la hora de prevenir la caries. Esto es posible debido al pH que tiene el queso, puesto que se trata de un pH neutro, contrarresta de forma eficaz los ácidos que segregan las bacterias de la boca, aquellas que se encargan de perforar el esmalte de los dientes.
Otro estudio llevado a cabo recientemente, determina que el queso es bueno para la salud cognitiva. En cuestiones de salud cerebral, se considera que decantarse por un consumo de queso con menor índice de grasas saturadas, como pueden ser los quesos tipo mozzarella, feta o requesón se obtienen mayores beneficios. Esto se debe a que existe una conexión directa entre el riesgo de demencia y las dietas altas en grasas saturadas.
El queso influye en el cerebro debido a su aporte en dos aminoácidos como el triptófano y la tirosina que, regulan el estado de ánimo y la producción de dopamina respectivamente. Mientras que el primero es un precursor de la serotonina, el segundo proporciona sensación de placer. Sin olvidar que el queso es rico en vitamina B12, fosforo y las citadas vitamina D y calcio.
Bueno para la salud pero con moderación
No podemos hablar del queso y sus bondades sin comentar que tiene su parte negativa. Como sucede con todo lo bueno, los excesos, no son los mejores aliados. Por saludable que sea un alimento o una rutina, si te pasas, las consecuencias serán poco saludables. Sucede con el deporte y con la alimentación. Por mucho que pensemos que hacer deporte es sano, si nos pasamos o no lo practicamos de acuerdo con nuestras posibilidades, las consecuencias, pueden ser bastante nefastas. Del mismo modo que una ingesta excesiva de cualquier alimento saludable, puede desembocar en déficit de otros nutrientes o exceso de algunos de ellos.
Por lo tanto, con el queso, sucede lo mismo, con la salvedad de que existen tantas opciones que siempre es posible encontrar la más saludable para cada ocasión. No obstante, conviene tener presentes aquellos aspectos menos saludables y aceptables del queso.
Algunos de sus componentes nutricionales no son del todo saludables, dado que los contienen en niveles más elevados. El sodio es un ejemplo de ellos y en el queso, está muy presente, sobre todo en los más curados. Este nutriente, ingerido en grandes cantidades, puede desembocar en problemas de hipertensión.
Otro de los problemas del queso, es que en sus versiones más curadas, cuentan con elevados contenidos en grasa y colesterol, por lo que un consumo excesivo de este tipo de quesos, de forma continuada, puede conllevar problemas de circulación o afectar al corazón. Por otro lado, los aminoácidos que lo componen, pueden son resultar fáciles de digerir, pudiendo ser la causa de problemas arteriales, dolores de cabeza o erupciones en la piel, en el caso de sensibilidad a los mismos.
Aunque todas estas consecuencias negativas, son resultado de los excesos y no de un consumo moderado de queso. Lo que nos lleva a una conclusión bastante sencilla de entender: el queso es saludable y bueno para el organismo. Pero siempre con moderación, sobre todo cuando se trata de los quesos más potentes.
Se trata de un alimento que proporciona nutrientes de buena calidad, pero al mismo tiempo, en algunas variedades, su consumo reiterado y sin control, puede conllevar ciertos problemas. Sin embargo, no serían solo a causa del queso. Para que se produzcan los problemas citados, deben combinarse diversos factores como una dieta poco equilibrada, el consumo de otros alimentos poco saludables, la falta de ejercicio, etc.
En condiciones normales y con un consumo adecuado en que se tengan en cuenta las cantidades y necesidades de cada individuo, el queso, proporciona nutrientes esenciales e indispensables para el organismo. En el caso de que no se pueda vivir sin comer queso de forma más reiterada, lo mejor es decantarse por las opciones más saludables. Dejar los quesos más calóricos y, por ende, con mayor aporte de sustancias poco beneficiosas, para consumo más puntual y decantarse por los quesos menos cargados.
Quesos frescos, tipo Burgos o Villalón, mozzarella, ricota o requesón, son más adecuados para un consumo más frecuente. Los quesos curados y más grasos, como el manchego o el parmesano, deben consumirse con mayor moderación. En lo que a untables respecta, podemos decir que conviene prestar mayor atención a este tipo de quesos, puesto que en su mayoría, de queso tienen poco y se trata de alimentos muy procesados, con elevados niveles de grasa. Así como los quesos fundidos tipo quesito o tranchete deben consumirse con moderación o evitarse, por su baja calidad a nivel nutricional.
De cualquier modo, el queso, consumido de forma adecuada, no es un enemigo de nuestra salud. Al contrario, se trata de un aliado perfecto, puesto que aporta nutrientes de gran importancia para mantener nuestro cuerpo saludable. Calcio, fosforo, vitamina D y B12, son indispensables para mantener unos huesos sanos y fuertes, tanto a lo largo de la etapa de crecimiento, como durante toda la vida. En resumen podemos concluir este artículo en pocas palabras: el queso es bueno; lo malo, es el exceso.