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A través del tiempo: la moda medieval

La moda no es algo nuevo que hayamos descubierto en este siglo. El estilismo y vestir de la mejor manera posible para marcar una tendencia, es algo que se estila desde hace siglos. El ser humano, desde que empezó a cubrir su cuerpo con diferentes tipos de tejidos y ropas, se dio cuenta de que era lo que más le favorecía y lo más conveniente. Con el paso de los siglos, esa indumentaria fue mejorando en calidad y diseño, encontrando su gran explosión en la Edad Media. Momento crucial para la humanidad en el que la evolución del ser humano, a todos los niveles, empezó a ser notablemente exponencial.

Como se trata de una época que abarca varios siglos y en los cuales el ser humano se fue reinventando, vamos a acotar este post a la vestimenta que se llevaba en la edad media, esa que, en la actualidad, sigue vigente de la mano de expertos y amantes del medievo que incluso desarrollan tiendas web para compartir su pasión. A nosotros nos encant ala tienda de Evitailors, que ofrecen todo tipo de artículos relacionados con la moda medieval, para que todos podamos sumergirnos en esa época de ensueño y tiranía a partes iguales.

Durante la época que abarca la Edad Media, como no podía ser de otra manera, la sociedad se encontraba totalmente estratificada. Eran manifiestas las enormes desigualdades que afectaban a todos los ciudadanos. La vestimenta, no era una excepción, según el atuendo que lucias cada individuo, se veía reflejado ese estrato social del que formaban parte.

Existían por aquellos tiempos, numerosas leyes, todas capaces de cercenar la libertad básica de la persona, incluyendo la del ropaje. Las leyes suntuarias o leyes sobre el gasto, restringían el vestido que estaba de moda a la clase noble. Los de clase baja, no tenían derecho a adquirir ropas de mayor y mejor categoría. Dentro de la clase noble, a su vez, otra serie de leyes, hacían la diferencia entre los rangos de las mujeres. Solo la reina, por citar un ejemplo, podía lucir vestidos confeccionados con piel cibelina, procedente de un animal llamado marta, y joyas fabricadas con oro.

La Edad Media, hizo su propia aportación a la moda, bebiendo de los tradicionales ropajes de otras culturas y civilizaciones y creando sus nuevos atuendos.

De Roma al Renacimiento

Si en el Imperio Romano, se utilizaban las togas y túnicas propias de la época y en el Renacimiento, las mujeres nobles, debían seleccionar sus adornos y las telas a razón del rango que poseyera el padre o los hermanos. Así era como se determinaban las prendas a llevar.

Los bárbaros por su parte, aunque resulte increíble creerlo, aportaron a la moda, prendas tan básicas hoy en día, como las bragas, semejantes a esas calzas o pantalones que se ajustaban a las piernas mediante correas.

Mientras que, por su parte, Bizancio, haciendo gala de su esplendor, introdujo en la vestimenta el lujo, las variedades de telas en las que destacaban la seda y los bordados de oro y piedras preciosas, donde destacaban los flecos y adornos.

Así entramos en la moda medieval de una manera peculiar, se combinan elementos culturales de toda tradición que van confluyendo en diferentes puntos. Con la llegada de los árabes al occidente europeo, empezaron a utilizarse los pantalones anchos conocidos como zaragüelles, la faja, el turbante y la túnica corta y ajustada, denominada aljuba.

Durante las cruzadas, los cristianos, vestían camisa como ropa interior y varias túnicas superpuestas unas sobre las otras, terminando con el rial ceñido al cuerpo hasta la cintura, el famoso jubón.

El pellote, era una especie de vestido largo y de abrigo que se forraba con piel de conejo con esa finalidad: abrigar al cuerpo de las inclemencias del tiempo. Para las cabezas siempre existía un adorno como sombreros o birretes.

Para ir a la guerra, contaban, evidentemente de su vestimenta adecuada. Cotas de malla sobre túnicas de lana, armaduras, escudos y yelmos de hierro para proteger el cuerpo y la cabeza, eran indispensables para acudir a las contiendas y hacerse llamar, caballero. El cinturón se concibió para portar la espada y no como complemento.

Las mujeres, popularizaron el uso de faldas de corte cuadrado, con un agujero en la cintura y cuatro picos en el extremo inferior. En estos ropajes, predominaban las líneas rectas y las mangas ajustadas. Las cabezas, se cubrían con cofias o tocados que se sujetaban con cintas, atadas a la barbilla. Para protegerse del frio medieval, utilizaban mantas o capas. Al igual que los hombres, el pellote, era parte de su atuendo. No utilizaban calzas para las piernas ya que estas, no se cubrían. Siendo tolerado en el caso de algunas mujeres jóvenes, el uso de vestidos con un discreto escote que, a veces se cubría con un velo de lino. Siendo la falda siempre larga y los brazos cubiertos por una camisola de lino o seda.

Infantes de la época, gozaban de la tranquilidad de no tener donde elegir: para ellos, solo una túnica de saya, a media pierna, generalmente descalzos y sin otro atuendo posible.

Para el trabajo, como eran numerosos los oficios y en su práctica requerían de protección, eran común el uso de delantales, calzones de piel barata como el conejo o la oveja para el invierno y gorros o sombreros que identificaban al propietario con su profesión y gremio.

El privilegio se demostraba en el vestuario

En realidad, siempre ha sido y será así. Los mas pudientes, siempre gozaran de los mejores atuendos, ropas, modelos y materiales de confección. De ahí que, para las clases más privilegiadas de la Edad Media, se dispusiera de mayor variedad de colores para confeccionar sus ropajes. Estos eran más largos, para procurar mayor protección. En cuanto a las clases bajas, los tejidos que utilizaban para confeccionar sus ropas, no pasaban del lino, quedando la seda para el uso y disfrute de las altas esferas. Estos vestidos pomposos que lucían los nobles de la época, contaban con bordados de oro en las pieles que se importaban de lugares tan exóticos como lejanos. Aun así, las pieles mas habituales para confeccionar sus vestidos, eran la del lobo y el zorro.

No podía faltar en este post, el clero y su poco humilde ropaje. Si alguien contaba con distinción era este estrato. El estamento clerical, contaba con su propia indumentaria, exclusiva y totalmente denegada a todo aquel que no formara parte de clan clerical. Para los acontecimientos importantes, los obispos, contaban con su mitra o toca alta y puntiaguda, el báculo pastoral (bastón para los amigos), la capa y la dalmática, esa suerte de túnica abierta por ambos lados y adornada con toda suerte de materiales preciosos. Nada podía faltar a los que servían al señor.

¿Qué nos queda para las clases menos pudientes y privilegiadas? Después de tanto despliegue para nobles y clero, solo quedaban las telas sin apenas tintar, entre las que se elegían las que presentaban el propio color natural. Sus tonos procedían de los pigmentos grises o marrones y las camisolas, con diferentes largos de manga, nunca superaban la cadera. En cuanto al largo de la camisola, llegaba hasta la rodilla, acortándose con el paso del tiempo hasta quedar por encima de la misma. En las épocas de duelo, se cubrían con trajes negros o blancos, cuyo valor era relativamente, inferior.

Para cubrir los pies, el calzado fue evolucionando. Sin embargo, a principios del medievo, ambos sexos utilizaban una especie de zapatillas abiertas. Estas se confeccionaban con cuero, de cabra para los más pudientes y de vaca, para la población de a pie. De forma ocasional, los hombres, lucían botas o zapatos con una prolongación puntiaguda.

La fabricación de las prendas, en su mayoría era hilada, cortada y cosida por las mujeres de la familia. Las propias familias, criaban a sus ovejas y cultivaban el lino. Con la lana y la piel de las ovejas y el lino procedente de las plantaciones, se confeccionaban abrigos. Los nobles, disponían de tejidos que se confeccionaban con hilos de oro o plata y decoraban esas telas con piedras preciosas.

Era, por lo tanto, el lino, el tejido mas adecuado y apropiado para los más pobres, mientras que los poderosos, cubrían su cuerpo con seda bordada en oro y forros de pieles exóticas como el oso.

Referente a los colores de los tejidos, estos se obtenían mediante la aplicación de tintes naturales. Siendo entre los humildes habituales, el gris y el marrón. Lila, negro y blanco, eran comunes cuando había que mostrar duelo, en tanto que escarlatas, celestes, azules, dorados, rojos, verdes puros, amarillos, rosa y púrpura, eran los colores de la elite medieval. Cuanto mas brillante fuera el tinte, mayor poder adquisitivo mostraba el portador.

Con la llegada de los cruzados de sus correspondientes cruzadas, se incrementó la untuosidad de las telas: algodón, muselina, damasquino y gasa, transformaron la indumentaria medieval y fusionaron de algún modo, las modas procedentes de otros lugares.

Estos nuevos tejidos, dieron paso las tocas con puntas de las que pendían velos de gasas y los diseños y colores moteados o con franjas, empezaron a cobrar notoriedad.

Fue sin duda en este extenso periodo, donde se fusionaron muchas de las modas y tendencias que, de algún modo, siguen presente en algunas culturas y tradiciones actuales.

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