Salud y bienestar en una piscina privada

Hace años, mis padres, con motivo de unas vacaciones en Huelva, en el sur de España, se hospedaron en un hotel del que quedaron encantados por el trato, el servicio y sobre todo por sus instalaciones al aire libre, de las que disfrutaron muchísimo, concretamente de la piscina. Les gustó tanto su diseño y su funcionalidad que le preguntaron al gerente del hotel quién les había realizado la instalación. A lo que les respondió que fuera realizada por la empresa Piscinas DTP, y que estaban muy contentos con el resultado, pues no era la primera vez que los felicitaban por el diseño y el buen funcionamiento de la piscina, ya que su agua, a pesar de la multitud de gente que la utilizaba, estaba siempre limpia, transparente y en perfecto estado.

Tras esta estancia vacacional pensaron que les gustaría dar un vuelco a su vida de prisas y ajetreo, e intentar que sus horas libres, cuando se termina el trabajo diario, se pareciesen lo más posible a esas idílicas vacaciones, a la tranquilidad, el descanso y la relajación que habían tenido en ellas. Querían poder tener un pequeño remanso de paz, un oasis, en medio de complicación y el estrés del día a día. Pensaron cómo podrían conseguirlo, y después de barajar varias opciones, decidieron irse a vivir a las afueras de nuestra ciudad, un lugar tranquilo, bien comunicado con la capital y con todos los servicios, tanto para ellos como para sus hijos, pues mis hermanos y yo todavía éramos pequeños, por lo tanto necesitábamos colegios cerca.

Compraron una parcela en la que construyeron una casa, que como dice mi madre no es muy grande, es más bien es pequeña, pero cómoda, que la puedes disfrutar todo el día. Puedes entrar y salir las veces que quieras, como nosotros hacíamos, porque tiene un gran jardín a su alrededor, donde mis padres fueron plantando árboles de sombra, arbustos, y muchas plantas de temporada, que cuando florecen hacen parecer la finca un paraíso. En un lateral de la parcela instalaron una piscina. Una piscina que en sus formas se asemeja bastante a la que tanto les había gustado en sus vacaciones, pero claro, con unas dimensiones mucho más reducidas. Recuerdo unos veranos maravillosos en el jardín, el atardecer en el porche, los chapuzones de la piscina junto a mis hermanos y cuando venían nuestros amigos a los que invitábamos frecuentemente, allí jugábamos con el balón, ¡menudos partidos nos marcábamos!, hacíamos saltos, y subidos a las colchonetas apostábamos a ver quién aguantaba más tiempo de pie encima. Mi padre solía aprovechar cuando no había nadie en la piscina para nadar un poco y hacerse unos largos, mi madre, aparte de nadar, era más de ejercitar brazos y piernas, hacía aquagym. También teníamos un perro, Lucas se llamaba, era la mascota de la familia, siempre a nuestro alrededor, saltando y brincando, cuando jugábamos al futbol era un jugador más detrás de la pelota, pero siempre feliz a pesar de que a veces nos sentábamos en su lomo y le hacíamos alguna perrería.

Fue una época de mi vida maravillosa y muy entrañable, por eso os recomiendo si tenéis una parcelita o vuestros hijos son todavía pequeños, que aprovechéis para instalar una piscina en ella, aunque sea de reducidas dimensiones, veréis el éxito que tiene y la gran utilidad que le vais a dar.

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